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Es diferente en diciembre
  Julieta Guinand / Francisco Martín

Diciembre llegó… y con él todo aquello que envuelve esta época del año en un espíritu de unión y celebración; juntos y en familia celebramos el nacimiento de Jesús.

En esta época se fortalecen nuestras tradiciones, construimos lazos y vínculos más fuertes a través del trabajo en equipo preparando nuestros platos típicos que engalanan esta celebración, por eso, desde los primeros días del mes, sentimos la urgencia de organizar el menú navideño anticipando esos sentimientos de placer que nos proporcionan  una deliciosa hallaca, el pan de jamón, la ensalada de gallina, el pavo relleno, el pernil de cochino o la torta negra entre otros manjares que cada familia dispone según su lugar de procedencia.

¿Qué mejor forma de comenzar diciembre, que hacerlo con un almuerzo familiar para revisar y elaborar los menús para las fiestas?.  Seamos muchos o pocos, en la mesa es donde llegamos a acuerdos, y así dispuestos, conversaremos y tomaremos las decisiones de quién o quienes hará o harán las compras para las hallacas, el pernil o pavo; quién hará las tortas negras y acordaremos el día y dónde, o en casa de quién, se celebrarán las reuniones familiares para cada evento. Para el éxito de esta fiesta de sabores, la planificación juega un papel preponderante. No sólo la disponibilidad de tiempo para el trabajo es importante, el rol o la tarea que cada quien asuma en el proceso ya sea dirigiendo, cocinando, ayudando o inclusive limpiando, constituirá en definitiva el ingrediente mágico que le otorga a nuestros platos ese sabor distintivo y característico que nos identifica como una familia.

En estas fechas, también surge inevitablemente una suerte de barajeo culinario. Nunca falta la persona que movida por ese sentimiento de compartir nos invite a comer a su casa o nos regale una hallaca orgullosa de su esfuerzo, y en ese caso, a la memoria de nuestros sabores familiares, se empiezan a sumar otros que en definitiva amplían esa familia a una más numerosa. Tal vez, eso sea el motivo por el cual nuestros platos típicos se han constituido en tradición. Es la mezcla perfecta, el sentimiento de hermandad a través de nuestra visión particular de la comida… nada más propicio para una celebración.

Si tradicionalmente esto ha sido asunto de madres, abuelas, tías, primas y hermanas, cada día más, hasta el más chiquito es tomado en cuenta y todos se hacen partícipes para aportar su pequeño granito de arena a la fiesta.

No perdamos esta oportunidad única de compartir. No es un “super esfuerzo”, diciembre nos hace sentir distintos, por lo que todo gira en un ambiente de cordialidad y unión que hace todo más sencillo. No perdamos esta oportunidad de afirmar al final: “no hay mejor hallaca que la que se hace en mi casa…”

 

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